Las preguntas y dudas son proporcionales al incremento de los incidentes que casi a diario ocurren en distintos lugares. Bandas de delincuentes que toman edificios enteros, secuestros en las entradas de los garajes, robos y hurtos en los apartamentos, y vehículos desvalijados en los estacionamientos son una corta pero contundente relación de problemas que afectan al ciudadano.

La seguridad en un condominio depende de cuatro elementos que son sus bases: Normas, Recursos Humanos, Infraestructura y Tecnología.  No es posible alcanzar niveles aceptables de tranquilidad y paz si estas cuatro piezas no están presentes y combinadas en sus justas proporciones. A estas se le agregan otros tres factores igualmente indispensables: la supervisión, la cultura de prevención de los residentes y las relaciones con el entorno.

Normas: son las reglas que establecen el “Deber Ser”. Es un contrato social de convivencia entre los residentes. Deben ser aceptadas, practicadas y vigiladas por todos en la comunidad. Cada condominio puede contar con al menos tres normas de seguridad indispensables; control de acceso, operaciones de seguridad y regulación de espacios de uso común. Deben estar escritas en un lenguaje sencillo para facilitar su entendimiento. Es responsabilidad de la administración del edificio dar a conocer estas reglas. Usualmente, a las normas de seguridad se le suman las cláusulas de convivencia.

Recursos humanos de seguridad: todo condominio requiere personas involucradas directamente con las funciones de seguridad. Ya sean guardias contratados, conserjes, porteros o residentes que se desempeñen como supervisores en el cumplimiento de las normas. El guardia de seguridad debe tener por escrito y conocer al detalle las responsabilidades de su cargo. Mientras más tareas vinculadas con la protección del inmueble y sus residentes tenga, mejor. El ocio es amigo de la distracción. No permita que el personal de protección tome decisiones basadas en su criterio. En un condominio los criterios de seguridad pertenecen a los residentes organizados en Junta. Son estos quienes deciden los límites de la vigilancia. Un guardia de seguridad debe ser amable en su trato y firme en su proceder, por lo que debe empoderársele dentro de los parámetros de la norma.

 Infraestructura: es el conjunto de bienes inmuebles en los que se desarrollan las actividades del condominio, tanto en sus espacios públicos como en áreas más restringidas. En la infraestructura se encuentran todas las construcciones destinadas específicamente a la seguridad (cercas, muros, centros de control, puestos de vigilancia, etc.). Buena parte de las vulnerabilidades de un condominio están en este importante aspecto. Un componente de primer orden dentro de la infraestructura son los accesos peatonales y vehiculares. Ellos requieren especial atención, pues allí deben confluir todos los elementos de la seguridad. La infraestructura de seguridad representa un reto adicional para los arquitectos al momento de diseñar barreras y accesos seguros pero con alto sentido funcional y estético.

Tecnología: son los sistemas y equipos que se emplean como herramientas para brindar protección a las personas y la infraestructura. Es una tendencia en instalaciones de gran tamaño, centralizar el control tecnológico en centros de comando para la seguridad. En ellos, se monitorean y administran los sistemas o plataformas de manera eficiente y con sentido integral. Contar con recursos humanos bien capacitados es clave para la correcta operación de la tecnología. En esta categoría entran las cámaras de seguridad, las llaves y cerraduras, los cercos eléctricos, los botones de emergencia, las alarmas, etc.

La integración de normas, recursos humanos, infraestructura y tecnología conforman un bloque de seguridad, que bien diseñado y operado genera resultados positivos y de gran valor para el condominio.

A esta estructura básica y clave de seguridad se agregan en un segundo nivel, la supervisión, la cultura de prevención y las relaciones con el entorno. Se puede decir que la combinación y articulación de estos tres elementos constituyen el “software” de la seguridad, porque están vinculados con el comportamiento humano, que en definitiva puede ser la pieza más frágil al momento de proteger al edificio y sus habitantes.

Supervisión: es la garantía que la seguridad opere según las normas y bajo los parámetros que representen la tranquilidad de los residentes del condominio. No existe seguridad sin la supervisión de sus procesos. Los vecinos organizados son los llamados a supervisar y controlar que todo se mantenga dentro de la normalidad.

Cultura de prevención: constituye el conjunto de hábitos seguros de la comunidad. Esta cultura no es espontánea, por lo que requiere la práctica y ejercicio permanente de las normas. Es un proceso de construcción mutuo de confianza entre los residentes. Una puerta que a algún vecino se le olvidó cerrar, deja vulnerables a todos en el edificio. La formación de cultura implica tener siempre presente mensajes claves de prevención, por lo que una comunicación fluida y continua entre los residentes facilita y mantiene el ambiente de tranquilidad que la gente demanda. El objetivo aquí es mantener el lado positivo de la seguridad “top ofmind” de la comunidad.

Relaciones con el entorno: no pretenda aislarse o evadir la realidad que lo rodea. La principal vulnerabilidad de un condominio es la inconsciencia de sus residentes. La paranoia de la inseguridad la produce la incertidumbre, no el conocimiento. Cuando se establece una relación de cercanía y confianza con otros condominios de la zona, con las policías y con otros involucrados aledaños, se teje una poderosa red que permite compartir experiencias, trasmitir información y nutrirse de buenas prácticas de seguridad.

 

 

Fuente: http://segured.com

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